En el hogar
Todo empieza con un gesto cotidiano: separar bien los envases ligeros —botellas, latas, bricks, bandejas o bolsas de plástico— y depositarlos en el contenedor amarillo. Cuanto mejor se separen en casa, mejor será el resultado final.

Cómo funciona el reciclaje de envases
Desde el contenedor amarillo hasta la fabricación de nuevos productos, descubre cómo BZB transforma los residuos de envases en nuevas materias primas mediante uno de los procesos de clasificación más avanzados de Europa.
Por qué importa
Cada día, miles de personas depositan sus envases en el contenedor amarillo. Ese gesto, tan sencillo, es el primer paso de un proceso industrial que permite recuperar materiales valiosos y evitar que acaben como residuo. Cuanto mejor se separan los envases en origen, más fácil es después convertirlos en nuevas materias primas.
Las distintas administraciones responsables del servicio organizan la recogida selectiva de los envases ligeros mediante rutas optimizadas que permiten transportar el contenido de los contenedores amarillos hasta la planta de clasificación de BZB. Allí, una de las instalaciones más avanzadas de Europa se encarga de separar automáticamente los distintos materiales para su posterior reciclaje.
Tras la clasificación, cada material recuperado sale de la planta convertido en una materia prima secundaria, lista para transformarse de nuevo en productos de uso cotidiano.
El recorrido completo

Paso a paso
Seis fases conectan la separación doméstica con la fabricación de nuevos productos.
Todo empieza con un gesto cotidiano: separar bien los envases ligeros —botellas, latas, bricks, bandejas o bolsas de plástico— y depositarlos en el contenedor amarillo. Cuanto mejor se separen en casa, mejor será el resultado final.
Las distintas administraciones responsables del servicio organizan la recogida selectiva de los envases ligeros depositados en los contenedores amarillos. Los camiones realizan rutas optimizadas para recoger los materiales y trasladarlos al siguiente paso del proceso.
Una vez recogidos, los envases se transportan hasta la planta de clasificación de BZB, en Amorebieta-Etxano, donde llegan todavía mezclados para iniciar su proceso de separación automática.
El corazón de BZB
Aquí es donde BZB marca la diferencia. Los envases de toda Bizkaia llegan mezclados a la planta y, en cuestión de minutos, una cadena de procesos tecnológicos los transforma en materiales listos para una segunda vida. Ningún envase pasa por manos humanas: sensores, imanes, corrientes de aire e inteligencia artificial trabajan de forma coordinada, tomando miles de decisiones por segundo para lograr la máxima pureza posible en cada material recuperado.
Cada camión se pesa y se registra a su llegada, para controlar con precisión la cantidad de material que entra en la planta.
Los envases se descargan y se acopian temporalmente en la nave, listos para iniciar el proceso de clasificación de forma ordenada.
Un sistema mecánico abre las bolsas y libera su contenido, extendiendo los envases sobre la cinta para analizarlos uno a uno.
Un tambor rotatorio clasifica los residuos por tamaño, para tratar después cada fracción con el proceso más adecuado.
Corrientes de aire calibradas separan los materiales más ligeros, como los films, de los materiales más pesados.
Equipos balísticos distinguen los envases planos, como los films, de los envases rígidos, como botellas o bandejas.
Imanes de gran potencia extraen automáticamente los envases de acero y otros materiales férricos.
Un campo electromagnético expulsa el aluminio sin contacto, separándolo del resto de materiales.
Sensores infrarrojos identifican la composición de cada envase y lo dirigen a su fracción correcta en fracciones de segundo.
Sistemas de visión artificial reconocen patrones y afinan la selección, mejorando de forma continua la precisión de la clasificación.
Toda la instalación se supervisa y optimiza en tiempo real mediante sistemas digitales que monitorizan el funcionamiento de los equipos, la calidad de los materiales recuperados y los principales indicadores operativos.
La mezcla inicial se convierte en diez fracciones diferenciadas de alta calidad. Cuanto más limpios y puros son los materiales, más valor conservan y más fácil es transformarlos en materia prima.
Cada fracción se envía a recicladores especializados, que la convierten de nuevo en materia prima para fabricar nuevos productos. Así se cierra el ciclo: el residuo vuelve a la vida útil, dentro de una economía cada vez más circular.
Un pequeño gesto realizado por millones de personas hace posible recuperar miles de toneladas de materiales cada año. En BZB trabajamos para que esos materiales vuelvan a convertirse en nuevos recursos, reduciendo el consumo de materias primas y contribuyendo a una economía cada vez más circular.
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